
Tercera entrega de la serie «El eclipse en los pueblos». A partir de aquí, la serie cambia de escala. Dejamos las capitales comarcales y los pueblos con servicios y entramos en el territorio donde el eclipse va a pasar sobre tejados que se cuentan con los dedos de las manos. Peñalén tiene 72 habitantes, está en la décima posición del ranking de pueblos más altos de Guadalajara y está asentado en el borde mismo del páramo sobre el cañón más impresionante del Alto Tajo. Es difícil imaginar un escenario más extraordinario para vivir un eclipse total.
Cuando desde el Alto del Portillo aparece el paisaje de Peñalén por primera vez, la reacción habitual es detenerse. No por agotamiento, sino por sorpresa. Después de kilómetros de paramera vasta y llana cubierta de pinares de serranía, el terreno se rompe de repente y aparece, en el centro de un paisaje de rocas, montañas, despeñaderos y bosques sin fin, el pueblo de Peñalén. La iglesia de San Juan Bautista destaca en lo alto, y desde ella van descendiendo los tejados rojizos de las casas hasta fundirse con el paisaje.
No es una descripción de hoy. Es la que dejó escrita hace más de un siglo quien pasó por aquí y se tomó el tiempo de mirar. Peñalén lleva mucho tiempo siendo exactamente esto: un pueblo en el borde del mundo, en lo alto del páramo, asomado a uno de los cañones más espectaculares del interior peninsular, con el río Tajo discurriendo doscientos metros más abajo entre paredes de roca donde anidan los buitres y las águilas.
El 12 de agosto de 2026, sobre ese borde, el sol va a desaparecer.
Los números de un pueblo que desafía la escala
Peñalén tiene 72 habitantes según el padrón del INE de 2025. Para poner esa cifra en contexto: a mediados del siglo XIX tenía 241 vecinos. La despoblación del interior peninsular ha sido aquí, como en tantos pueblos del Señorío de Molina, una historia de vaciamiento lento que ha convertido lo que fue una villa con ayuntamiento propio, escuela y encomienda de la Orden de San Juan en un lugar donde los coches aparcados en agosto —los de los veraneantes que vuelven— superan a los empadronados durante el resto del año.
Peñalén está en la décima posición del ranking de pueblos más altos de la provincia de Guadalajara, con 1.369 metros sobre el nivel del mar. Las nueve poblaciones que lo superan están todas en el Señorío de Molina: Orea, Villanueva de las Tres Fuentes (deshabitado), Motos, Alcoroches, Alustante, Adobes, Checa, Traíd, Piqueras. Peñalén cierra esa lista de privilegio, asentado en la zona de contacto entre el páramo alto y el cañón del Tajo, a una altitud que en agosto garantiza noches frescas, cielos limpísimos y el tipo de transparencia atmosférica que los astrónomos buscan.
Se asienta en lo más alto del páramo, en la orilla izquierda del Tajo, y es el punto de partida natural para las excursiones por el cañón que forma el río. Esa posición —arriba del páramo, mirando hacia abajo al cañón— es exactamente lo que define la experiencia del eclipse en Peñalén: un eclipse que ocurre con el sol en el horizonte oeste del páramo mientras el cañón queda en la oscuridad repentina doscientos metros más abajo.
La geometría perfecta: el páramo al oeste, el cañón al este
Hay una particularidad topográfica de Peñalén que lo convierte en uno de los puntos más interesantes de toda la franja para este eclipse concreto, y que ningún artículo ha señalado todavía.
El pueblo está asentado en el borde oriental del páramo. El cañón del Tajo cae hacia el este y el noreste. El río discurre abajo en esa dirección. Las vistas espectaculares del cañón, los cortados verticales, las aguas verdes entre las rocas, todo eso está al este y al noreste de Peñalén.
Y el sol durante la totalidad estará al oeste-noroeste, azimut 284°.
Eso significa que el horizonte del eclipse —el horizonte que importa— está en la dirección opuesta al cañón. Al oeste de Peñalén no hay cortados ni paredes de roca: hay páramo. El páramo plano y abierto que se extiende kilómetros hacia Zaorejas, hacia Cobeta, hacia los valles altos del Señorío de Molina. Un horizonte a 1.350-1.400 metros de altitud, sin ningún obstáculo significativo en dirección 284°, con el sol a seis grados de altura completamente visible sobre la línea del páramo.
El cañón del Tajo va a quedar en sombra durante la totalidad. Los buitres en los cortados van a callar. El río, doscientos metros abajo entre las paredes de roca, va a oscurecerse en plena tarde de agosto. Y quien esté en el borde del páramo al oeste del pueblo, mirando hacia donde el sol se eclipsa sobre la paramera infinita, va a tener los dos paisajes al mismo tiempo: la oscuridad del cañón a sus espaldas y la corona solar sobre el horizonte del páramo delante.
La iglesia en lo alto: el punto más alto del pueblo
La iglesia parroquial de San Juan Bautista está ubicada en la parte más alta del pueblo y ofrece unas vistas espectaculares del valle del alto Tajo. Su torre cuadrada del campanario se alza sobre el caserío y es visible desde kilómetros de distancia en el páramo.
Desde el entorno de la iglesia, en la parte más elevada del casco urbano, el horizonte al oeste está libre sobre el páramo con un ángulo limpio en la dirección exacta del eclipse. Es el punto más accesible del pueblo con las mejores condiciones de horizonte, sin necesidad de alejarse ni de buscar pistas de tierra: está literalmente en el corazón del caserío, en su punto más alto.
La imagen del sol eclipsándose visto desde el campanario de Peñalén, con el cañón del Tajo abriendo el paisaje hacia el este al fondo, es una de las fotografías que esta serie de artículos tiene como objetivo señalar antes de que la gente llegue sin haberla pensado.
Los gancheros: la historia del pueblo que vivía del río
Peñalén tiene una historia que está directamente ligada al río que discurre doscientos metros más abajo, aunque esa relación sea hoy casi invisible para quien visita el pueblo.
La manifestación tradicional más relevante del pueblo es la popular Fiesta Ganchera, que tiene carácter itinerante y se celebra cada año en uno de los municipios del cañón —Peralejos de las Truchas, Poveda de la Sierra, Peñalén, Taravilla y Zaorejas— rememorando el viejo oficio de los gancheros, quienes trasladaban las maderadas a través del Tajo hasta las factorías madereras de Aranjuez. El oficio desapareció en los años cuarenta del siglo pasado, pero dejó en estos pueblos una memoria colectiva del río como vía de trabajo y de vida que la Fiesta Ganchera mantiene viva cada septiembre.
Los gancheros eran los trabajadores que guiaban los troncos cortados en los pinares del Alto Tajo a lo largo del río, empujándolos con ganchos de madera a través de los rápidos y los cañones hasta Aranjuez, a más de doscientos kilómetros de distancia. Era un oficio duro, estacional y peligroso, que requería conocer el río palmo a palmo: cada recodo, cada piedra, cada tramo donde la corriente podía trabar la madera. Los gancheros de Peñalén conocían el cañón del Tajo mejor que nadie.
El 12 de agosto de 2026, el Tajo va a oscurecerse durante un minuto y cuarto en el mismo cañón donde esos hombres trabajaron durante siglos. Es un detalle que el pueblo, si lo cuenta bien, tiene para sí solo.
Lo que hay que saber antes de ir
Peñalén tiene un aspecto logístico que es importante conocer antes de planificar el eclipse desde aquí.
La pista que bordea el río Tajo entre Peñalén y Zaorejas está cerrada al paso de vehículos a motor durante los meses de julio y agosto. Eso significa que el acceso al pueblo el 12 de agosto es exclusivamente por la carretera que llega desde el norte, desde la CM-2106 por Valsalobre y Cobeta. No hay alternativa por el cañón ese día.
Esa carretera de acceso es estrecha y tiene varios kilómetros de trazado sinuoso por el páramo antes de llegar al pueblo. En condiciones normales es perfectamente transitable. El 12 de agosto de 2026, con el movimiento de vehículos que va a haber en la comarca, la clave es llegar pronto: antes de las 17:00 es el margen razonable para encontrar el acceso todavía fluido.
El pueblo no tiene servicios turísticos consolidados. No hay restaurante abierto de forma permanente, el alojamiento es prácticamente inexistente en el casco urbano, y la gasolinera más cercana está en Molina de Aragón, a unos 35 kilómetros. Quien planifique el eclipse en Peñalén tiene que llegar con todo lo que va a necesitar: comida, agua, gafas homologadas, equipo fotográfico si lo lleva, y combustible.
Eso no es un inconveniente: es exactamente lo que hace que Peñalén sea lo que es. Un pueblo donde no te va a atender nadie con un producto precocinado para el turismo del eclipse. Un lugar donde el eclipse va a pasar sobre 72 vecinos y los visitantes que hayan tenido la sensatez de buscarlo.
72 habitantes y el eclipse del siglo
Hay algo en la escala de Peñalén que ningún artículo sobre el eclipse en las grandes ciudades de la franja puede ofrecer: la intimidad.
Cuando el sol desaparezca a las 20:31 del 12 de agosto de 2026 sobre los páramos del Alto Tajo, en Bilbao habrá decenas de miles de personas mirando al cielo. En Zaragoza, otros tantos. En Peñalén habrá unas docenas. Los 72 vecinos empadronados, los veraneantes que hayan subido esa semana, y quienes hayan leído esta serie de artículos y hayan decidido que preferían vivir el eclipse con el horizonte para ellos solos.
El silencio que va a caer sobre Peñalén durante esos noventa segundos no va a ser el silencio relativo de una ciudad que se queda callada por un momento. Va a ser el silencio de un pueblo que ya vive en silencio, amplificado por la oscuridad repentina y el frío de la sombra de la Luna cruzando el páramo.
Eso, que sepamos, no tiene precio de entrada.
En la próxima entrega de la serie bajamos todavía más de escala y cruzamos la frontera provincial: Huélamo, en la Serranía de Cuenca. Menos habitantes que Peñalén, en el límite sur de la franja, con la pregunta que convierte cualquier incertidumbre en el mejor ángulo posible: ¿está dentro o fuera?





